Nadie se ocupaba de la calidad
Nadie tenía a su cargo la calidad de lo que salía escrito. Los borradores terminados se quedaban parados, pendientes de aprobación. Quien escribía algo ya no volvía a saber si lo habían corregido ni si había salido. El puesto que coordinaba quedaba vacante justo mientras se montaba la herramienta con la que iba a coordinar.
Nada de eso apareció en la revisión de fuera, que ya había dado el visto bueno. Apareció cuando pasé el mismo borrador a los de dentro, cada uno dentro de su propia tarea.
Esas cosas aparecen dentro, antes de que el borrador vuelva a salir.