¿Qué es un agente de IA?
Hasta dónde llega un agente queda cerrado antes de encenderlo. Lo cierran dos cosas: el encargo que se le entrega al arrancar y la lista de herramientas escrita en su ficha. Dentro de ese margen ordena sus propios pasos; fuera de él no sale.
El margen lo pone la persona, y la salida de un texto no se decide en otro sitio. La IA se ocupa de redactar; lo que devuelve todavía se rehace aquí antes de servir. Que parte de la cadena corra sola no arrastra la decisión.
Un agente de IA, en estas notas, es una IA que desempeña un solo papel. El uso es un poco más amplio que el del término técnico, y conviene decirlo una vez en lugar de dejarlo implícito.
En la práctica es un archivo con tres partes: en qué casos se lo llama, qué tiene permiso para tocar, y dónde están guardadas las reglas que debe leer al arrancar. Sumar un papel nuevo empieza por rellenar esas tres: qué se le pide, hasta dónde puede meter mano, qué lee primero. Cuando entra alguien se decide más o menos lo mismo.
De las tres, la que termina marcando el límite es la lista de herramientas. A un agente llamado para revisar una traducción se le da leer y buscar, nada que altere un archivo. A otro llamado para la calidad se le da además corregir. Los dos revisan, pero uno devuelve un apunte y ahí se queda, mientras el otro entra y cambia el texto.
Decir que arma sus propios pasos suena a más de lo que es. Ordena dentro de lo que ya estaba cerrado, y eso es todo lo que hace.
La diferencia con escribir en una casilla y recibir una respuesta no está en la respuesta. La casilla cierra en una ida y vuelta: entra algo, sale algo, y lo que sigue lo piensa una persona y lo vuelve a escribir. Arrancar un agente no cierra ahí. El encargo del principio sigue valiendo mientras el agente lee y hasta que devuelve su dictamen; nadie encaja el paso siguiente a mitad de camino.
La reescritura de estas notas funciona así. Cada revisión es un agente arrancado por separado, con una sola petición, y no se lo toca hasta que vuelve.